jueves, 16 de diciembre de 2010

Hoja Dominical, 19 de Diciembre de 2010

PARROQUIA DE
NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES
19 de diciembre de 2010
DOMINGO IV DE ADVIENTO
1. ANTÍFONA DE ENTRADA Is 45, 8
Destilad, cielos, el rocío, y que las nubes lluevan al justo;
que la tierra se abra y haga germinar al salvador.

2. ORACIÓN COLECTA
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que hemos conocido por el anuncio del ángel la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive e reina, en la unidad del Espíritu Santo. Amén.

3. LECTURA DE LA PROFECÍA DE SOFONÍAS 2, 3; 3, 12-13
Buscad al Señor, los humildes, que cumplís sus manda-mientos; buscad la justicia, buscad la moderación, quizá podáis ocultaros el día de la ira del Señor. «Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera; pastarán y se tenderán sin sobresaltos.»
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

4. SALMO RESPONSORIAL Sal 145
(Todos) DICHOSOS LOS POBRES EN EL ESPÍRITU,
PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS.

El Señor hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos.
El Señor sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.

(Todos) DICHOSOS LOS POBRES EN EL ESPÍRITU,
PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS.

5. LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL
APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 1, 26-31
Hermanos: Fijaos en vuestra asamblea no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristó-cratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y así --como dice la Escritura - «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

6. ALELUYA MT 5, 12 A
Estad alegres y contentos,
porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

7. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO
SEGÚN SAN MATEO 5, 1- 12a
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, ense-ñándoles:
- Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
- Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
- Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
- Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
- Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
- Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
- Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
- Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
- Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan
y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
- Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa
será grande en el cielo.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

8. ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que el mismo Espíritu que cubrió con su sombra y fecundó con su poder el seno de la Virgen María, santifique, Señor, estas ofrendas que hemos depositado sobre tu altar. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

9. ANTÍFONA DE COMUNIÓN Is 7, 14
He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo,
y le pondrán por nombre Emmanuel,
que quiere decir Dios-con-nosotros.

10. ORACIÓN PARA DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Tú que nos has dado en este sacramento la prenda de nuestra salvación, concédenos, Padre todopoderoso, preparar-nos cada día con mayor fervor para celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

LAS OCHO DESCONCERTANTES FELICIDADES (BIENAVENTURANZAS)

Las Bienaventuranzas fueron predicadas por Jesús desde la altura de la montaña, que baja hasta el lago de Tiberíades. La imagen invertida de la montaña reflejada en el lago terso nos enseña que todos los que quieren iniciarse en los místerios del espíritu deben aprender a invertir todas sus maneras de ver y de hacer, la dirección de sus deseos, el diseño de su vida
1. La felicidad de la pobreza en el espíritu. Es apetecer la simplicidad, por encima de las satisfacciones del propio pensar y saber. Es disponibilidad de despojo y de renuncia, para no quedarse en lo inmediato y buscar lo trascendente. Ante el Reino de los cielos no hay ninguna riqueza comparable.
2. La felicidad del ser sufrir. Es manifestación de aguante interior, de serenidad y mansedumbre. Dios es el que reivindica y defiende. Hay que saber sufrir los sufrimientos y las privaciones. El mundo necesita testigos de mansedumbre, de dulzura y de fortaleza en el sufrimiento.
3. La felicidad del llanto. ¿Qué es llorar? Es el primer grito, la primera expresión del hombre. Llora el que es capaz de una nostalgia, el que siente una separación, el que anhela volver al ámbito cálido y profundo de lo original. La felicidad de las lágrimas lavan los ojos para ver el consuelo de la ternura de Dios. No son lágrimas de tristeza o melancolía, sino de fe.
4. La felicidad del hambre y de la sed. Desde la experiencia de las necesidades del cuerpo, hay que descubrir el hambre y la sed de justicia, que es el alimento del alma y significa la voluntad de Dios. Por lo tanto, la justicia es la salvación total. No hay que hambrear lo perecedero, que no sacia, ni beber lo que no tiene espíritu de trascendencia.
5. La felicidad de la misericordia. Significa caridad recíproca y activa, significa perdón. Esta bienaventuranza se opone al materialismo y positivismo farisaico, que despreciaba a los pobres, a los desgraciados y a los pecadores. Seremos medidos por Dios con la misma medida de misericordia que usemos con los demás.
6. La felicidad de la limpieza. bienaventurados lo que tienen limpio el corazón, como si fuese agua clara de montaña que permite ver el fondo en el que Dios se refleja. El que quiera ver a Dios que lave su corazón sucio para que pueda contemplar en lo profundo de su interior el valor de lo eterno.
7. La felicidad de la paz. Los pacíficos no son los tranquilos, sino los que hacen la paz, quienes la componen a partir del desorden, quienes la crean desde el caos. La paz es el sello de Dios, la plenitud en la unidad.
8. La felicidad de la persecución. El creyente sabe que la vida no es fácil, que la fidelidad al Evangelio exige muchas renuncias, que la incomprensión es el distintivo de los que siguen las enseñanzas del Maestro, pero sobre todo que el Reino de los cielos bien vale cualquier persecución.
Andrés Pardo